Efectivamente, Riqui, algo tenía que estar mal, porque cuatro días después de haber colocado la nueva batería nos pasó lo mismo. No pudimos arrancar tras una parada de unas cuatro horas. Esto ocurría el sábado. Un día antes de emprender el regreso a casa.
En el parking de Neuschwanstein pedimos a otro turista que nos arrancara el coche con las pinzas, puesto que aún teníamos que llegar al hotel y en el RAC no nos cogían el teléfono debido a una carga excesiva de trabajo.
Conseguimos arrancarlo y permanecimos unas tres horas con el motor encendido yendo de acá para allá. Encontramos por nuestra cuenta un taller, tipo Feuvert, ya que los del RAC no tenían ni idea de donde estaba Baviera y mucho menos Füssen, así que no podían encontrar un taller por la zona.
Entablamos relación con un lugareño que muy amablemente nos hacía de intérpretes (es de admirar la forma de ser de la mayoría de los alemanes) con el mecánico. Éste comprobó que la batería rendía bien y que lo que estaba mal era el alternador. Por lo que pudimos entender, esto nos podía costar en la autopista a altas velocidades una fuerte avería y como consecuencia un alto porcentaje de sufrir un accidente

. Yo no me lo quería creer así que le conté lo que yo, y Eva, ya que ella también coincidía, pensábamos podía ser el culpable:
Mientras estábamos estupefactos, en el aparcamiento antes mencionado, dentro del coche sin poder arrancar, pensábamos qué podía haber consumido la energía de la batería otra vez. No había ninguna luz encendida y lo único que se nos ocurrió fue que el culpable era el mechero del coche. Y os cuento por qué. Durante nuestros trayectos habíamos estado usando el navegador GPS (que por cierto, es uno de los mejores inventos después del Aire Acondicionado y del Turbo

) y lo habíamos hecho siempre con el alimentador enchufado al mechero, ya que la batería del Tom Tom apenas dura tres horas. Como no somos fumadores llevamos en lugar del mechero un tapón que colocamos cuando desenchufamos el navegador. Quitamos el tapón y miramos al interior del mechero buscando la inspiración, como si fuera el pozo de la sabiduría de nuestro 900, cuando de pronto oímos un “tac” rápido y seco. Eva y yo nos miramos y nuestro color de la cara cambió cuando comprendimos que ahí podía estar el problema; el maldito mechero se quedaba atascado consumiendo la energía de la batería.
Sin embargo, esta versión no convenció al mecánico, quien insistió en que el problema estaba en el alternador.
Así que nos fuimos al hotel y continuamos nuestra odisea con el RAC. Ésta no la voy a contar con detalle porque sería demasiado largo, pero sí os diré que prepararé un escrito con el trato recibido y con la factura de teléfono de 150 € que me hicieron gastar debido a su ineficacia.
Al día siguiente –sí, sí, habéis leído bien, al día siguiente– de empezar nuestras gestiones con el RAC para volver a casa y para repatriar el coche (recuerdo que era sábado al mediodía y no había posibilidad de que ningún mecánico nos reparara la avería) se presentó la grúa y se llevó al saapo a un depósito, a la espera de juntarse con otros coches y ser traído a casa (me dicen que en unos cinco días lo tendré aquí). Poco después vino el taxi que nos llevó al aeropuerto de Munich para embarcar rumbo a Bilbao.
En el avión, a no sé cuántos miles de metros de altura me doy cuenta de que el mecánico que dijo podíamos sufrir una avería grave se refería, tal vez (insisto en mi ignorancia mecánica), a que se rompieran las correas, incluida la de distribución, pero claro, como todos vosotros ya sabéis, los 900 no tienen correa sino cadena.
Hoy he hablado con mi mecánico de confianza. Y me ha dicho que lo que nos contó el mecánico ese no tiene ni pies ni cabeza; sufrir un accidente porque se rompan las correas no tiene fundamento.
En fin. Ya estamos en casa con todas las compras realizadas sin sufrir daños (milagro, puesto que mi maleta rígida tiene un bollo de cuatro centímetros de diámetro, y eso que iba con etiqueta oficial de contenido frágil).
Lo positivo es que hemos vuelto sin soltar un céntimo (todo a cargo del RAC) y que el coche vendrá sin hacer los 1.600 kilómetros aprox. que teníamos de camino de vuelta. Vamos, digo yo, por sacarle algo positivo
