Publicado: Sab Feb 14, 2009 5:49 pm
Si digo que éste hilo siempre me gustó, parecerá que me miro el ombligo. Pero lo cierto es que algo quería poner en un hilo sobre lo que contaré y ni siquiera yo mismo lo recordaba.
A día de hoy el viaje que más puedo recordar con un 900 coincide con un hecho muy doloroso para mi y reciente.
Hace muy poco tiempo, murió la última abuela viva (en su casa de Avilés y a los 98 años) que me quedaba y para mi, la única abuela relevante y valiosa (no sólo para mi... para quien la conoció).
Por alguna razón explicable pero difícil de comentar por quien escribe, decidí que mi compañero de viaje sería mi 900 (ésta vez el Turbo 16). Mi abuela había muerto, funeral y entierro habían sido celabrados poco antes y había asistido, pero necesitaba volver y estar solo. Quería hacerlo tranquilamente sin un coche-herramienta: No, lo haría con uno de los 900.
Los avisos de nieve, temporales y de hielo en las carreteras eran reiterados en aquellos días y en muchos casos, rozaban la exageración pero nada me impediría ir con un 900 del 89 al que poco arredra la climatología. Antes bien... nada.
El viaje fue complicado por tiempo y emociones, pero hasta ahora es evidente que es el que mayor impronta ha dejado en mi. Con tiempo infernal, un conductor tocado por las circunstancias y el peso de los años, el 900 dura y dura y dura y se comporta como cabe esperar... impresionantemente bien.
Quede aquí escrito. El viaje que inaugura éste post, sólo es pálido homenaje de éste último señalado.
Saludos.
A día de hoy el viaje que más puedo recordar con un 900 coincide con un hecho muy doloroso para mi y reciente.
Hace muy poco tiempo, murió la última abuela viva (en su casa de Avilés y a los 98 años) que me quedaba y para mi, la única abuela relevante y valiosa (no sólo para mi... para quien la conoció).
Por alguna razón explicable pero difícil de comentar por quien escribe, decidí que mi compañero de viaje sería mi 900 (ésta vez el Turbo 16). Mi abuela había muerto, funeral y entierro habían sido celabrados poco antes y había asistido, pero necesitaba volver y estar solo. Quería hacerlo tranquilamente sin un coche-herramienta: No, lo haría con uno de los 900.
Los avisos de nieve, temporales y de hielo en las carreteras eran reiterados en aquellos días y en muchos casos, rozaban la exageración pero nada me impediría ir con un 900 del 89 al que poco arredra la climatología. Antes bien... nada.
El viaje fue complicado por tiempo y emociones, pero hasta ahora es evidente que es el que mayor impronta ha dejado en mi. Con tiempo infernal, un conductor tocado por las circunstancias y el peso de los años, el 900 dura y dura y dura y se comporta como cabe esperar... impresionantemente bien.
Quede aquí escrito. El viaje que inaugura éste post, sólo es pálido homenaje de éste último señalado.
Saludos.