Escupitajo vs cenicero
Publicado: Mié May 31, 2006 1:00 pm
Retención en la ciudad. El coche al que precedo está detenido, y en un trance veo que el conductor abre la puerta y expulsa a la calzada las colillas almacenadas en el interior de su cenicero.
Le hago luces y le pito. Me mira a través de su retrovisor y hace un gesto como diciendo “que pasa?”, me señalo los labios para que vea como vocalizo la palabra CERDO, a lo que responde mostrándome el dedo corazón de su mano derecha.
Se reanuda la circulación; salgo del carril y me coloco paralelo al sujeto gorrino. Con un esfuerzo adenoideo consigo trasladar una cantidad importante de esputos desde la cavidad nasal a la bucal. Con un suave centrifugado de los carrillos obtengo la consistencia óptima de la pasta, al tiempo que mi lengua, contraída, adopta una forma cóncava en cuyo interior deposito las flemas.
Acciono el elevalunas. El aire fresco en la cara ayuda a relajar los músculos faciales y los prepara para la ofensiva. Mi rostro va girando lentamente hacia la izquierda de manera que la nariz actúa como punto de mira y se detiene enfocando el centro del parabrisas enemigo.
Aspiro profundamente. En un esfuerzo coordinado y múltiple acciono los músculos abdominales y faciales, mientras retraigo la lengua con potencia hacia el exterior, y expulso así el contenido viscoso que con tanto esmero había cultivado en mis adentros.
Durante su trayectoria el gargajo dibuja en el aire una simpática forma de mancuerna hasta que finalmente logra impactar de pleno en el objetivo asignado.
En cierta manera debí hacerle un favor; a cualquier cerdo le encanta estar rodeado de porquería.
Buenos días a todos.
Le hago luces y le pito. Me mira a través de su retrovisor y hace un gesto como diciendo “que pasa?”, me señalo los labios para que vea como vocalizo la palabra CERDO, a lo que responde mostrándome el dedo corazón de su mano derecha.
Se reanuda la circulación; salgo del carril y me coloco paralelo al sujeto gorrino. Con un esfuerzo adenoideo consigo trasladar una cantidad importante de esputos desde la cavidad nasal a la bucal. Con un suave centrifugado de los carrillos obtengo la consistencia óptima de la pasta, al tiempo que mi lengua, contraída, adopta una forma cóncava en cuyo interior deposito las flemas.
Acciono el elevalunas. El aire fresco en la cara ayuda a relajar los músculos faciales y los prepara para la ofensiva. Mi rostro va girando lentamente hacia la izquierda de manera que la nariz actúa como punto de mira y se detiene enfocando el centro del parabrisas enemigo.
Aspiro profundamente. En un esfuerzo coordinado y múltiple acciono los músculos abdominales y faciales, mientras retraigo la lengua con potencia hacia el exterior, y expulso así el contenido viscoso que con tanto esmero había cultivado en mis adentros.
Durante su trayectoria el gargajo dibuja en el aire una simpática forma de mancuerna hasta que finalmente logra impactar de pleno en el objetivo asignado.
En cierta manera debí hacerle un favor; a cualquier cerdo le encanta estar rodeado de porquería.
Buenos días a todos.