Indignación en un parking privado
Publicado: Mié Ene 25, 2006 3:21 pm
Debía ir a Barcelona centro así que tomé prestado el Ford Fiesta de mi padre que es mucho más práctico para callejear por la gran ciudad.
Llegaron los problemas a la hora de encontrar aparcamiento, así que decidí ir a un parking privado. Justo en la entrada del mismo había una plaza preciosa así que en ella me metí. A los pocos segundos el vigilante del parking, un ejemplar de extensas dimensiones y aliento ahumado, recriminó maleducadamente mi acción pues esa plaza estaba reservada a “coches grandes”, y que en el tercer subterráneo había una para “coches pequeños”.
A regañadientes retiré el coche y fui a la tercera planta. El hueco para “coches pequeños” resultó ser un zulo indigno cuyo acceso obligaba a realizar un sinfín de maniobras y además apenas permitía abrir la puerta para salir una vez aparcado.
Descontento, volví a la primera planta y coloqué de nuevo el coche en el espacio “prohibido”. Mi querido vigilante no tardó en llegar, y a los pocos centímetros de su basta presencia puede contemplar como el amarillo desgastado de su camisa hacía juego con la tonalidad de sus dientes, y que el grosor del vello de sus orejas sería similar al de los manguitos que le acabo de cambiar al Saab.
La conversación fue rápida y directa:
A - Quite este coche de aquí inmediatamente.
B - Acaso pagan más los coches grandes por aparcar aquí?
A - No
B - Pues aquí me quedo
A - O se va usted de aquí o llamo a la grúa
Me fui, y me fui a la tercera planta, donde para salir del coche casi me da una lumbalgia.
Y reflexiono….
-Si me llego a traer el Saab hubiera aparcado en la plaza grande.
Y la gran pregunta…
-No deberían los coches grandes pagar más si el espacio que ocupan es mayor??
Llegaron los problemas a la hora de encontrar aparcamiento, así que decidí ir a un parking privado. Justo en la entrada del mismo había una plaza preciosa así que en ella me metí. A los pocos segundos el vigilante del parking, un ejemplar de extensas dimensiones y aliento ahumado, recriminó maleducadamente mi acción pues esa plaza estaba reservada a “coches grandes”, y que en el tercer subterráneo había una para “coches pequeños”.
A regañadientes retiré el coche y fui a la tercera planta. El hueco para “coches pequeños” resultó ser un zulo indigno cuyo acceso obligaba a realizar un sinfín de maniobras y además apenas permitía abrir la puerta para salir una vez aparcado.
Descontento, volví a la primera planta y coloqué de nuevo el coche en el espacio “prohibido”. Mi querido vigilante no tardó en llegar, y a los pocos centímetros de su basta presencia puede contemplar como el amarillo desgastado de su camisa hacía juego con la tonalidad de sus dientes, y que el grosor del vello de sus orejas sería similar al de los manguitos que le acabo de cambiar al Saab.
La conversación fue rápida y directa:
A - Quite este coche de aquí inmediatamente.
B - Acaso pagan más los coches grandes por aparcar aquí?
A - No
B - Pues aquí me quedo
A - O se va usted de aquí o llamo a la grúa
Me fui, y me fui a la tercera planta, donde para salir del coche casi me da una lumbalgia.
Y reflexiono….
-Si me llego a traer el Saab hubiera aparcado en la plaza grande.
Y la gran pregunta…
-No deberían los coches grandes pagar más si el espacio que ocupan es mayor??