Pues en mi casa son sagradas. Poquitas cosas me tomo yo tan en serio como el poner el Belén, y montar el arbolito. Los tres reyes con sus pajes, los conejos, los cerdos rosados, los borreguitos con esa textura tan peculiar (sobre todo uno que está tumbado)

, los patitos con su estanque de albal y el tío cagando, ¡qué maravilla! La noche de Reyes sigue siendo mágica, en mi caso, mi familia tiene totalmente prohibido hablarme de regalos antes del 6 de enero. Una vez, de novio, pude ver el miedo en el rostro de mi suegra el día que me dijo con su típica sonrisita ¿ qué quiere que te regale para Reyes Capitán?,

de la cara que puse aún se acuerda, sentí como si un ejemplar del Conde de la Corte me hubiera empitonado por un costado, así por aquí atrás

, y el cuerno me hubiese salido por la oreja izquierda, vuelta a empitonar por la nariz, y salida ir final por el ojo derecho. Menos mal, que la parienta estuvo al quite y se lucio con un buen capotazo. Se escapo por tablas.
Pena me esta dando el día que el pequeño Morgan descubra la falsa. Este jodido es más fino que las gallinas, y si ya el año pasado costó trabajo, este año me las veré negro. De mi infancia tengo buenos recuerdos, de las botellas de anís en los caballetes, de la lumbre en el bidón de aceite, de los electrodos y sopletes, de la cascarilla del torno, de la pastilla de frota, de la primera mosca. Oh, ya te vale Capitán, cuanto de viejo eres.
Eso sí, del buen rollito de esos días, del ramón garcía de turno cantando no se que chorrada, de las multitudes y campanadas, y de toda la parafernalia que la rodea, de eso paso un h****. Y de lo que no puedo pasar, y es lo que peor llevo, como ha dicho Dalai, son de las propuestas de cenitas de estos días con los “amigos” y de los compromisos familiares.
Perdón por el ladrillazo.
Pd.:
Eh tú, el del bribón, ¿cómo salió eso?