El 900 blanco no lo heredaría de momento por muy pesado que me pusiese, así que necesitaba crearme la fantasía de que en algún momento, tendría mi 900 (preferentemente, PreGM).
Pero me quedé mientras caminaba: Serían las seis de la tarde, no recuerdo la hora cuando vi desde el lejos el morro de un 900 anterior al 87. Por supuesto, no pude evitar acercarme para comprobar su estado. Esto no ha cambiado un ápice.
Atmosférico del 86 y carrocería sedán dos puertas color blanco, el coche parecía abandonado y aunque externamente estaba perfecto de pintura y bien de parachoques, el interior no mantenía esa primera impresión. Así, la tapicería del techo estaba descolgada sobre todo en la parte trasera, el asiento del conductor estaba muy descosido y el cuadro de instrumentos, rajado. Creo recordar que tenía unos 320.000 kilómetros, pero esto no puedo asegurarlo.
El caso es que en mi búsqueda mental (en aquel momento) de cualquier 900 preGM preferentemente atmosférico, en mi iba tomando forma la idea de comentar en casa la compra de aquel 900 para su restauración. Ni qué decir tiene que la respuesta fue unánime: Cuando te compremos (pues preveían que si no, nada de nada) un 900, será con el máximo equipamiento y preferentemente, Turbo.
El caso es que por alguna razón, yo continuaba acercándome a ver "mi" 900. En mi cabeza, era mio, pues me parecía en aquel momento que sólo yo (a excepción de mi familia) valoraba aquel coche.
Viéndolo allí, a espaldas del Instituto Nacional de Estadística parecía saludarme y saludarlo yo. Tanto me encariñé con aquel 900 que me parecía que dijese: "DAME UNA OPORTUNIDAD. NO ME MEREZCO ESTE FINAL". En mi mente, yo lo dejaba para restaurar y me iba con él a todas partes. Era más crío de lo que soy ahora, pero hoy habría sentido lo mismo.
Pasaron días, semanas, incluso meses hasta que alguien consideró que aquel 900 ocupaba un sitio que no merecía y lo mató. Supongo que acabaría en un desguace a los -todavía recuerdo- 320.000 kilómetros y probablemente con una grave avería mecánica. Para mi aquello era una herejía.
Siempre pensé que coche como estos no deberían acabar en un desguace, sino como las mascotas, deberían morir con sus dueños, en casa.
Hoy -no sé porqué- he pensado en aquel exótico Sedán dos puertas del 86 con marcos de puertas y ventanas cromados al igual que sus manillas de apertura de las puertas y me ha entristecido pensar en que si no fuese por gente como nosotros, a medio y largo plazo, iban a quedar muy pocos 900 en España.
Felicidades a quien lo haya leído íntegramente. Es que soy un sentimental.
Un abrazo.




