Todavía tengo la sensación de que puedo coger el ascensor en cualquier momento y bajar a verlo al garaje.... sin embargo ya no está. Y aunque fué una decisión madurada, en mi corazón tengo sentimientos contrapuestos, estoy contento y a la vez triste...
Triste, no hace falta deciros por qué, sobre todo después de catorce años! Además, escribo en el lugar donde mejor me pueden comprender al respecto...
Contento (más bien feliz) no por haberlo vendido... si no por quién lo ha comprado, un apasionado de los coches clásicos en general y del 900 en particular, dispuesto a disfrutarlo, mimarlo y cuidarlo a tope. Y es que cuando se le tiene tanto cariño a un coche, quién coja el relevo importa.
Madrid será su nuevo hogar. Ahí llegó ayer noche desde Santiago, en un placentero viaje en el que ha terminado de enamorar a su nuevo dueño, quién quedó encantado de lo cuidado que estaba el coche.
Y aunque he perdido a mi saab, he ganado a un amigo. Seguramente pronto se presentará por aquí, ya que le he recomendado este maravilloso club.
Mil gracias de corazón a todos los que por activa o por pasiva, me habéis echado una mano cuando lo he necesitado.

