Salimos de la ciudad y pasamos a la autovía. Los dos coches son devoramillas impecables: silenciosos, cómodos, estables a alta velocidad. Lo único que se les puede achacar es que nacieron para un mundo mejor que el que vivimos: un mundo donde no hay límites de velocidad, en el que se puede llanear a 200 km/h durante horas y el consumo de combustible no es un problema. Esto es extensible a las carreteras nacionales de buen firme y curvas amplias. Pueden mantener medias de velocidad escandalosas y los adelantamientos no son un problema.
Ya metidos en carreteras de montaña, vemos que los caracteres de ambos coches se invierten. El 9000, de motor rabioso, tiene unas suspensiones muy nobles, pero se nota que el coche no se encuentra muy a gusto en carreteras sinuosas. Se inclina demasiado. La dirección no es colmo de la precisión pero a cambio tiene una firmeza adecuada y da buena información de cómo pisa el coche.
El 850 es más ágil, se nota que entra en las curvas con más facilidad y se inclina menos. También es noble. Lástima que la dirección es demasiado ligera para mi gusto y eso roba sensación de seguridad. El agarre también es algo superior al del 9000; cierto es que los neumáticos (Falken ZE912 en medida 205/45 ZR17) son nuevos; pero no recuerdo que cuando estrené los que lleva el 9000 ahora (Goodyear F1 Eagle GSD3 en medida 205/55 ZR16) se sujetaran tanto.
Si buscara un coche con una suspensión cómoda, me hubiera comprado un XM, y desde luego ninguno de estos dos. Vale que el 9000 tenga puestos unos amortiguadores deportivos (Bilstein B6) pero tampoco era cómodo con los Sachs de serie. Los badenes y baches grandes de ciudad se notan mucho. Al 850 le pasa lo mismo, y además con neumáticos perfil 45 hay que tener mucho cuidado en los socavones.
Los dos coches tienen un problema, y es que sus prestaciones están bastante por encima de sus frenos. Se quedan cortos, y el tacto del pedal tampoco inspira confianza, demasiado blando.
Volviendo a casa, es hora de echar un vistazo a los consumos. El motor del 9000 es bastante eficiente; en carretera no consume más que un Mondeo/Laguna de su época con motor 2 litros y prestaciones dos o tres magnitudes inferiores. Es fácil ir por autovía a 130 km/h de crucero y no gastar más de 8.5 litros/100 kms. El 850 es más gastón, pero no mucho más de lo que se podría suponer por el cambio automático. En las mismas circunstancias gasta alrededor de un litro más.
Después del paseo, seguimos mirando ambos coches. No hace falta preguntarse si son fiables o duraderos; si han sobrevivido casi 15 años en el caso del 9000, o 17 en el del 850, en buen estado, es que están hechos para durar. Son coches en los que el recorte de gastos made in “Superlópez” aún no se notaba. Pistones, bielas y cigüeñal del 9000 son durísimos, el bloque del 850 también…tocar el cuero del Saab y notar la calidad, o desmontar y ver cómo está hecho el panel de una puerta del Volvo…nada que ver, desgraciadamente, con la mayoría de coches actuales, rellenos de electrónica que invariablemente se averiará.
¿Con cuál nos quedamos? Pues como todo, depende. El motor del 9000 es sensacional, es un coche enormemente práctico con un maletero enorme, seguro, resistente. Y bonito. Ojalá fuera algo más ágil en su comportamiento, pero es que tampoco es un coche pensado para carreteras ratoneras. Haz un viaje de 300 kilómetros por carreteras en buen estado y poco tráfico en el Aero y no querrás bajarte.
El 850 es un coche más tranquilo. La respuesta del motor está mucho más atenuada, es más agradable de conducir a ritmos tranquilos y sobre todo en ciudad, gracias al cambio automático. Sin embargo eso no cuadra con su mejor comportamiento en curvas cerradas y mayor agilidad. Con el motor y la dirección del Aero ganaría mucho.
Y ya mirando ambos suecos en comparación con sus contemporáneos, llaman la atención las diferencias con sus exitosos rivales alemanes (BMW 528i, Mercedes E320, Audi A6 2.8). No son tan “redondos”, pero tienen un carácter peculiar que los hace especiales. Lástima que, 15 años después, se ha visto que esa idiosincrasia no era suficiente, y tanto Saab como Volvo han cambiado de propietarios.
Así que mejor cuidemos los ejemplares que quedan y vamos a disfrutarlos mientras nos dejen.
